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El fin de la magia: ¿Qué pasó con las interfaces de nuestras consolas?

¿Te acordás cuando prender tu consola era casi un evento?

Cuando no solo esperabas jugar, sino que también disfrutabas de la intro, de ese menú con identidad propia que te decía «¡Bienvenido a TU consola!»… Bueno, parece que esos días quedaron re lejos, ¿no? En Argentomática estuvimos leyendo un artículo que lo pone en palabras: la «muerte del carácter» en las interfaces de las consolas de videojuegos. Y la verdad, no podemos estar más de acuerdo.

¿Se murió la personalidad en el software de nuestras consolas?

Sí, se murió. O al menos, le dieron una patada en el traste y la dejaron agonizando. Mirá, los pibes de vale.rocks levantaron la bandera de guerra, y con razón. Hablan de cómo las interfaces de la Xbox original o la Xbox 360 eran una masa, ¿viste? Cada una tenía su onda, su sonido, su esquema de colores que te gritaba «soy ÚNICA». La original, con esa estética verde sci-fi que era un flash; la 360, con el Blade Dashboard y después la NXE (New Xbox Experience) que era un golazo de media cancha en diseño y funcionalidad. ¡Hasta la PlayStation 2, con su «Browser» y ese efecto de las torres que subían, tenía su mística! Era como un ritual pre-juego, una parte de la experiencia.

Y hoy, ¿qué tenemos? Prendés la PS5 o la Xbox Series X y es todo… prolijo. Genérico. Funcional, sí, pero con la misma personalidad que un excel. Son rápidas, eso ni hablar, pero les falta ese «no sé qué» que te hacía sentir que estabas en un ecosistema distinto al de tu PC o tu celular. Es todo muy «Windows 11 meet Netflix», ¿entendés? Parece que la búsqueda de la eficiencia y la simplicidad (o el ahorro de costos, vaya uno a saber) nos dejó con interfaces que podrían ser intercambiables entre sí. Una pena, de verdad.

¿Por qué perdimos ese «algo»?

Ahí está la pregunta del millón, ¿no? Una teoría es que las empresas buscan homogeneizar la experiencia. Quieren que todo sea súper accesible, que no haya fricción, que cualquier usuario (desde el nene de 5 años hasta la abuela que quiere ver YouTube) pueda navegar sin problemas. Y eso está bien hasta cierto punto. Pero en el camino, se olvidaron de los que compramos una consola justamente por ser una consola, no una tablet gigante.

Otra cosa es la moda del «minimalismo». Todo tiene que ser plano, blanco, sin texturas. «Menos es más», dicen. Pero a veces, «menos» significa «menos personalidad». Los viejos dashboards no solo eran bonitos, eran funcionales a su manera. Te daban información de un vistazo, tenían esos sonidos característicos que te quedaban grabados. ¿Quién no se acuerda del sonido de inicio de la PS1 o la Xbox? Era como el timbre de casa, te avisaba que la diversión estaba por empezar. Ahora, los sonidos son más neutros, más corporativos. (Sí, ya sé que estoy siendo un viejo choto, pero es la posta).

El impacto acá en Argentina y Latam es más que nada una cuestión de nostalgia, creo yo. Cuando comprábamos esas consolas, las pagábamos carísimas (y las seguimos pagando, ni hablar). Y parte de ese valor era el hardware, sí, pero también toda la experiencia que venía detrás. Ese software con onda te hacía sentir que la inversión «garpaba» cada centavo. Hoy, con los precios por las nubes, al menos esperás que el producto tenga alma, ¿viste? Y si bien las consolas actuales son bestias en rendimiento, a nivel interfaz se quedaron cortas en creatividad.

En definitiva, es una movida que (a mi humilde entender) sacrifica la identidad en pos de una supuesta universalidad. Y sí, quizá es más práctico así, pero se perdió parte de la magia. ¿Vos qué pensás? ¿Extrañás los viejos dashboards o preferís la onda «limpia» de ahora? Te leemos en los comentarios.

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